La salsa brava se volvió salsa monga

Puede que fuera la primera salsoteca en Madrid. Permítanme recordar que, bajo el resplandor de la movida, la capital no mostraba interés por los ritmos antillanos. Sí, podía colarse un disco de Fania en las sesiones de algún dj audaz pero era apenas un espejismo.

 Siempreviva estaba escondido en el barrio de Tetuán, en una angosta calle perpendicular a Bravo Murillo. Cabe deducir que el dueño venía de Colombia: Siempreviva era el apodo de la exuberante protagonista de ¡Que viva la música!,la novela de Andrés Caicedo, aquel escritor suicida nacido en Cali.

https://elpais.com/cultura/2017/08/22/actualidad/1503426185_114185.html

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